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Supervalores defiende proyecto que busca que la contabilidad en Colombia siga normas internacionales


Clemente del Valle asegura que no quiere acabar con la profesión contable, sino fortalecerla. Los profesionales deben "subir al bus del cambio", dice.

¿Por qué ha generado tanta polémica este proyecto?
La controversia se ha centrado en un grupo de actores, que son los contadores y los revisores fiscales, pero el alcance del proyecto va más allá porque tiene que ver con un bien público como es la calidad de la información, bajo qué estándares se presenta, quién la debe auditar y cómo debe vigilar el Estado esa actividad. Eso es lo que está en juego en este proyecto que tiene un impacto en las empresas, el sistema financiero, el mercado y los inversionistas. Todos estos actores deben participar en este debate.

¿La calidad de la información es muy mala en el país?
Todos, de alguna manera, hemos vivido un problema en torno a que la calidad de la información no ha sido buena; que el papel que han tenido los contadores y los auditores fiscales para garantizar que esa información fuera adecuada no ha sido bueno. Muchas de nuestras investigaciones se derivan de abusos en el manejo de recursos de los clientes y en la manipulación de la información. Todo esto ha mostrado una gran debilidad por parte de las revisorías fiscales, que nunca previnieron ni identificaron problemas que eran muy grandes y evidentes y nos llevó a concluir que habían falencias en el proceso. Pero no podemos generalizar ni decir que toda la contabilidad del país es mala y tampoco podemos satanizar nuestros estándares.

¿Cuáles son esas falencias?
No podemos culpar solo a las personas porque hay falencias de normatividad, estructurales y del marco regulatorio que no es el adecuado si se quiere fortalecer la calidad de la información. La Junta Central de Contadores ha tenido muy limitado el ámbito de acción, se dedicó a disciplinar pero no a supervisar la actividad y a sancionar cuando los problemas se detectaban pero no a prevenir. La composición de la Junta ha llevado a que se convierta en un foro de discusión política más que de carácter técnico. Además, están las faltas de recursos y las fallas en la estructura institucional de vigilancia que lleva a que cada superintendencia tenga estándares separados y que manejemos más de 15 estándares de contabilidad.

¿Cómo afectará el proyecto a las empresas?
Las empresas deben entender que en la medida que nos vayamos globalizando tenemos que hablar un lenguaje común, y hoy nuestro lenguaje no es común al resto del mundo. Cuando un inversionista pone sus recursos en España, Japón o Colombia debe saber que las pérdidas que se calcularon acá son las mismas que se calculan en otro país. Hoy las empresas colombianas que se han ido internacionalizando tienen que llevar dos tipos de contabilidad: la internacional para sus socios extranjeros y la otra para sus supervisores internos.

¿Esos cambios tendrán grandes costos para las empresas?
Nosotros proponemos unos plazos, un periodo de transición y vamos a definir tres clases de estándares: para las grandes, para las empresas públicas y para las medianas y pequeñas, que serán más simplificados. Las empresas ya están incurriendo en costos altos porque muchas tienen que llevar más de una contabilidad. A medida que las firmas se globalicen tendrán que hacer el cambio porque si desean hacer negocios les van a pedir información financiera que se pueda leer y que no implique toda una traducción.

Algunos contadores dicen que con este proyecto se les van a dejar los negocios a las firmas de auditoria internacional. ¿Qué opina?
Las firmas de auditoria grandes ya están manejando estándares internacionales de contabilidad, por eso los contadores colombianos deben entender que todos deben subirse al bus, preparándose con el fin de no perder competitividad. Para ello hay que involucrar a las universidades que tendrán que fortalecer sus pénsum, porque vemos que está saliendo mucho contador que no es bueno para hacer la tarea. Este proyecto no está acabando la profesión de contador, por el contrario, la fortalece porque le está dando credibilidad.

¿Se acabaría la revisoría fiscal?
Sí, la figura como tal desaparecería, por eso los revisores tendrían que especializarse y meterse en auditoria interna o externa. Ahora hay un híbrido porque no hay una clara distinción si es una revisoría interna o externa y hay problemas de independencia. Colombia debe seguir el ejemplo de otros países donde la responsabilidad recae sobre el representante legal, el gerente financiero y el presidente de la compañía; ellos son los que deben certificar y responder por las cifras y no trasladarle toda la responsabilidad al revisor fiscal.

Fuente: Periodico el Tiempo, Marzo 23 de 2004.

http://eltiempo.terra.com.co/economia/2004-03-23/ARTICULO-WEB-_NOTA_INTERIOR-1562870.html